La Mirada - Looking at Photography in Latin America Today

Vik Muniz

Rosângela Rennó

Maruch Sántiz Gómez

Luis González Palma

Paz Errázuriz

Marta María Pérez Bravo

Manuel Piña

Mario Cravo Neto

El brasilero Mario Cravo Neto (1947) vive en Salvador, Bahía, la cual sirve de inagotable fuente de material visual para sus composiciones. En sus fotografías una fundamental actitud espiritual se ve mezclada con un sofisticado poder de expresión estética. Ha dominado el espectro completo desde lo frágil y la dulce poesía hasta problemáticas existenciales como la violencia, el miedo y la muerte. Juguetonamente realiza composiciones sin precedente de gran poder simbólico e impacto. Rostros humanos se alternan con temas que se asemejan a naturalezas muertas o a imaginerías oníricas que nunca llegan a revelar su secreto. Las fotografías de Mario Cravo Neto están llenas de encanto y ternura, sensualidad y emoción, deseo y nostalgia.

Ocho enfoques de las adquisiciones fotográficas de Daros Latin America que representan a artistas desconocidos o poco conocidos en Suiza son exhibidas al público en la Biblioteca Luis Ángel Arango. El espectro de las obras de estos artistas oscila entre la fotografía directa hasta la escenificada, y datan de las dos últimas décadas. La proveniencia de los fotógrafos se extiende desde Chile hasta México y Cuba, representando alrededor de tres generaciones.

La Mirada no solo da cuenta del enfoque de la cámara hacia un objeto específico sino también de la actitud artística y aproximación mental de los ocho artistas, cuyos diferentes puntos de vista de la fotografía se hacen ostensibles al espectador. De la misma manera revela la mirada de Europa frente al Arte Latinoamericano.

Unas pocas pero significantes obras de la prolífica obra del artista brasilero
Vik Muniz (1961), radicado en Nueva York, revelan su estrategia artística. Así se base en Sigmund Freud, el Che Guevara, Spaghetti Marinara, en una pintura de Courbet, o el arte de los minimalistas norteamericanos, Muniz alegremente sustrae material del inventario visual de los medios y la historia del arte con un humor e imaginación brillantes. Pone a prueba la percepción del espectador al alienar sutilmente el sujeto, presentándole fotografías trompe l'esprit que lo llevan a cuestionarse la función de la fotografía.

Rosângela Rennó (1962), de Rio de Janeiro, reaviva fotografías olvidadas de diversos aspectos de la vida cotidiana. La problemática política y social está muy ligada a su trabajo
a través de la transformación estética de materiales visuales. Cicatriz es lo que la artista denomina un trabajo por partes, consistiendo éste en la recolección de una serie de fotografías de prisioneros tatuados tomadas a principios del siglo XX en una penitenciaría brasilera. Las fotografías poéticas de Rennó oscilan entre la belleza, el dolor y la sensualidad. El trato sensible que da a este extraordinario archivo de fotografías está íntimamente relacionado con la idea de dignidad humana.

Maruch Sántiz Gómez (1975) de San Cristóbal de las Casas del estado mejicano de Chiapas sólo recientemente se inició en el área de fotografía artística. A partir de un proyecto constituido por fotografías de gran escala esta joven de Chiapas ha comenzado a recolectar y reinterpretar estéticamente viejos adagios populares. En Creencias, presenta objetos simples de la vida cotidiana marcados con un adagio en su lengua natal: Tzotzil. La síntesis de texto e imagen brinda a los objetos fotografiados un aura enigmática y poética. Al introducirse en el rol antropológico con una notable lucidez y franqueza, Maruch Sántiz Gómez nos advierte más de su cultura que lo que cualquier libro pudiera narrar. Adicionalmente de manera juguetona nos invita a pensar en nuestra propia cultura. Creencias comenzando como curiosa, asombra a los voyeurs, y finalmente les revela cómo ellos se convierten objeto de su propia observación.

Santería, el culto afrocubano, un sincretismo de creencias Yoruba africanas y cristiano-católicas definen el repertorio iconográfico de la artista cubana Marta María Pérez Bravo (1959), radicada en Monterrey, México. Las fotografías en blanco y negro de Pérez Bravo son un grito lejano de cualquier rendición de culto. La artista siempre actúa como su propia modelo, produciendo imágenes silenciosas, concentradas, claras y sencillas, de gran poder simbólico y metafórico, en donde trasciende el ritual para aproximarse a la esencia de la existencia humana. Sufrimiento, violencia y muerte, o la persecución de fuerzas desconocidas hacen parte de estas fotografías así como la auto-impuesta exploración de la artista de sus mundos personales.

Las aguas baldías es el título de la serie del cubano Manuel Piña (1958) radicado en la Habana. El Malecón, la famosa muralla que define el borde costero de La Habana, siempre ha sido objeto de referentes sentimentales por parte de los cubanos sin embargo a principios de los noventas, cuando Piña tomó esta serie de fotografías, se había convertido en símbolo de desesperanza. Esta serie dramática de Piña es esencialmente la encarnación del Malecón no solo como un monumento a la falta de ayuda, al desamparo y la decadencia sino también al Malecón como faro a la posible apertura y libertad. Lo banal y sombrío de la vida cotidiana choca con la imagen de la eternidad. El Malecón se vuelve orgánico, osmótico y borde permeable entre el adentro y el afuera, un borde que cambia mentalmente a medida que el horizonte interno y externo del espectador cambian con el del agua y el Malecón.

Las fotografías en sepia realizadas por el guatemalteco Luis González Palma (1957), actualmente radicado en Córdoba, Argentina, presentan a sus sujetos en una pose frontal, inmóvil y muda, mirando al espectador concentradamente pareciendo ver a través de él. Con una simetría inmóvil dirigen una mirada inescrutable al espectador luciendo poderosos y monumentales sin embargo llenos de poesía melancólica. Algunas veces presentados como accesorios enigmáticos parecen criaturas completamente removidas de la realidad y privadas de individual específica. Como si vinieran de otro mundo, inmaterial, estas caras enfrentan al observador con una increíble y silenciosa presencia.

Paz Errázuriz (1944) ha trabajado por décadas en Santiago, Chile, con series de fotografías de minorías sociales. En amplias series se dedica a tratar temas como la vida en el circo, actores de vaudeville, los últimos indígenas sobrevivientes en el sur del país, enfermos mentales, internos de asilos, ancianas en los márgenes de la sociedad, travestis durante la dictadura. Se acerca a estos grupos con gran sensibilidad y tacto, estableciendo una cercana atmósfera de confianza que le permite documentar las condiciones de vida, frecuentemente precarias, de los personajes que retrata. Sutil y ostensiblemente empática, la mirada de la artista se caracteriza por el respeto y la distancia, ésto sin rayar en la drástica realidad o evadir los abismos de la existencia humana.