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"Fotografiar
Lo Invisible"
curaduría:
José Roca. ©
En la ya larga
tradición de la fotografía casi siempre ha estado presente
una imagen reconocible; la especificidad del medio fotográfico,
ser un índice de algo »que estaba allí«, ha
ido de la mano con la función representativa del medio: proveer
una imagen fidedigna de la realidad.
Aún
en la fotografía abstracta, el foco nítido evidencia que
a pesar de que el encuadre hace difícil reconocer al sujeto - convirtiéndolo
en composición geométrica o en textura- el lente lo capta
de manera precisa. Por oposición, el desenfoque convierte al sujeto
en pura textura y color, en forma desligada de su referente. Walter Benjamin,
en su Breve historia de la fotografía, daba una bella definición
de la misma: »plasmar reflejos efímeros«. Renunciar
al sujeto y al foco lleva a la fotografía a su esencia: en realidad,
lo que se capta es la luz.
En esta serie
que se presenta en la Alianza, Víctor Robledo muestra imágenes
casi por completo abstractas que se alejan de algunos de sus trabajos
más conocidos (composiciones derivadas de estudiar la incidencia
de la luz en el espacio a través de la imagen de la sombra, de
cómo la luz incide en la percepción efímera del tiempo).
Como él mismo lo define, »me interesa la cualidad emotiva
de la luz, su aspecto orgánico, la sensación de manchas
arrojadas de una manera aleatoria, en contraposición a lo geométrico
que he trabajado de manera insistente a lo largo de mi carrera«.
Cabe reiterar
que en las fotografías de Robledo hay una clara intencionalidad
de no semejarse a la realidad: no representarla, sino tomarla como punto
de partida. Estas imágenes ambiguas en las que, por ejemplo, la
textura de una superficie arquitectónica sugiere también
la imagen imprecisa de una nube, tienen una gran capacidad evocadora;
se abren a la interpretación visual y son detonantes de una cadena
de asociaciones personales al estar desligadas de casi cualquier rasgo
reconocible. »La belleza roza con la tristeza«, escribió
alguna vez Robledo; »el silencio es la actividad que más
me atrae«.
Las obras de
Víctor Robledo son retratos de luz a la vez que imágenes
de sensaciones, las cuales son, por supuesto, imposibles de fotografiar.
»La luz, así como el fuego y el agua, me permite traer a
la memoria instantes de ilusiones que iluminan la síntesis de lo
inmemorial. En esta remota región la memoria y la imaginación
permanecen asociadas, cada una trabajando por su mutua profundización.
En este orden de valores, ambas constituyen una comunidad de memoria e
imagen«.
La fotografía
pictorialista, muy en boga a finales del siglo 19, recurría a un
foco suave y al tintado en colores pasteles en un intento por replicar
en el medio fotográfico rasgos comúnmente asociados a la
pintura. Las imágenes que presenta Robledo en esta exposición,
colocadas sobre una repisa que enfatiza su carácter objetual (en
contraposición a la metáfora de »ventana« que
caracteriza una fotografía enmarcada), traen a la memoria las imágenes
de aquel momento en que la fotografía quería acercarse a
la pintura para desligarse de su supuesto carácter »objetivo«,
exacerbando la subjetividad al imitar los rasgos que caracterizaban lo
pictórico para acceder al universo y al estatus de »lo artístico«.
Evidentemente
esta no es la preocupación de Robledo, pero sí hay la intención
manifiesta de reflexionar sobre la belleza de la naturaleza y sobre la
necesidad de »sumergirse« en ella para captar su esencia:
»una relación con la naturaleza en donde no haya la separación
usual que uno siente; ése sentimiento de estar fuera de la naturaleza
pero deseando ser parte de ella«.
Las imágenes
de Víctor Robledo son un intento por restituirle a la fotografía
la capacidad de representar, más allá de la realidad, la
relación que establecemos con ella. »El mío es un
proceso íntimo de observación de la luz: lo que busco en
las imágenes que selecciono es algo que flota entre realidad y
sueños«.
josé
ignacio roca
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